Para Pilar Medina, cada obra requiere plantearle una pregunta al cuerpo. 
Uno a uno, los procesos creativos de la coreógrafa son fruto de un impulso interior que puede indicar en el cuerpo del interprete cierta pulsación relacionada con el tremendo esfuerzo que el mismo impulso destina a sanar o equilibrar aquello de lo que haya que deshacerse. Así cada obra va dejando sus marcas, huellas del pasar de impulsos, emociones y esfuerzos. Y éstos se asientan, metaforizados, en un cuerpo que ha sido tocado por la danza.

 

´

 

 

Proyecto beneficiario del programa PADID 2014