Gestos emblemáticos
André Chastel detectó una tendencia sobresaliente en ciertos gestos: el estar dotados, por el constante vaivén entre lo vivido y lo representado, de un valor emblemático; una tendencia del signo a concentrarse sobre sí mismo. Es el caso de las manos unidas para el rezo o del índice que puesto sobre la boca indica silencio. Igualmente, el historiador del arte destacó cómo, en este tipo de gesto sobredeterminado, se manifiesta el movimiento total del cuerpo, que se ha condensado sólo en las manos o en un dedo “tornados en considerables objetos significantes por una portentosa metonimia visual, explicable por el primado de la mano”. Cuando se observa el conjunto de las coreografías de Pilar Medina, se hace notoria la incidencia de gestos, actitudes y movimientos corporales, que cobran valor emblemático sea por ese vaivén entre la vida cotidiana y la presentación artística; sea por su reiteración en diversas formas en el contexto temático y afectivo de una sola obra; o sea porque encarnan, dan materia, a los registros irónico y metafórico de la creadora. Un cuerpo-laboratorio de experimentos gestuales que, en la hibridación técnica y cultural en que se ha desarrollado, es conductor de las tensiones y distensiones escénicas y de pequeñas conversaciones que apelan a los saberes corporales del espectador. La muestra de gestos emblemáticos que se da a ver aquí tiene la aspiración de hacer patente cómo, incluso desarraigados del ámbito performativo, ellos concentran una potencia comunicativa y, como lo escribe también Chastel, “instintivamente quedamos persuadidos de que la comunicación se efectúa sin fricciones, como si se tratara de lo vivido. Pero es una ilusión: la obra bien aceitada confiere al gesto una especie de evidencia que nos hace olvidar el trabajo implicado en su realización”. * André Chastel (2001). Le geste dans l’art. Mayenne: Liana Levi, págs. 32 y 12.

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